Dani Alves es inocente. Lo han dicho los tribunales. Punto. Pero no en la España oficial. Desde el momento en que se conoció la sentencia, el pueblo mediático español —que, por supuesto, no cree en otra justicia que no concuerde con su propia opinión— no ha dejado de alzar la voz.
La opinión estrella la ha vocalizado la ministra Montero en un mitin, indignándose porque «la presunción de inocencia valga más que la opinión de una mujer». Esta frase hiela el corazón y es lo más totalitario que se ha dicho en el Ruedo Ibérico. Más aún cuando quien la pronuncia es una funcionaria pública de relevancia, que se supone ha jurado la Constitución, la cual establece lo contrario, a pesar de las reinterpretaciones interesadas.
El problema es que, de hecho, la frase de la ministra es cierta en la práctica. Sin embargo, el principio totalitario que encierra no se percibe a nivel social porque es tan inconcebible que asusta. Solo lo padecen los hombres que, ante denuncias —falsas o no—, terminan en la misma situación: la mujer tiene potestad sobre la presunción de inocencia.
Agradecemos que los jueces, al menos, conserven un resquicio de libertad ante una intimidación insoportable. Estemos atentos a los casos de Errejón y Monedero, quienes ahora son víctimas de su propia propaganda. Al final, hasta tendrán suerte si les toca un juez que decida hacer justicia y no política.