Ayer falleció Val Kilmer. Un tipo simpático al que conocí en Top Secret y al que despedí en Top Gun. Dos películas que nos transportan a la nostalgia de los 80, década que marcó mi adolescencia en España (los 90 fueron mi juventud cosmopolita, y de ahí en adelante, el exilio).
Recuerdo Top Secret tan divertida como Aterriza como puedas, y eso es decir mucho. Esa comedia absurda, tan propia de aquellos años, sigue haciéndonos reír incluso hoy, cuando muchas veces sonreímos por no llorar. La carcajada espontánea es algo difícil de lograr en mí, acostumbrado como estoy al cine depresivo e irónico, entre Bergman, el humor inglés y sus variantes decadentes.
Pero Val Kilmer lo bordaba como cómico y galán. Tenía ese aire de rubio guapete que bien podría haber sido el matón en Karate Kid, pero hacer reír es otro nivel. No cualquiera tiene vis cómica.
Top Gun es otro caso. La vimos soñando con ser pilotos y enamorarnos de Kelly McGillis, hasta que años después descubrimos, gracias a un genial video de Tarantino en YouTube, que la película tenía una lectura diferente. Desde esa perspectiva, lo que parecía una americanada se convierte en cine de culto. Que nuestra McGillis tenga que parecer un hombre para liarse con el pánfilo de Cruise lo dice todo.
En fin, no seguí la carrera de Kilmer porque su cine no era lo mío. Pero siempre lo recordaré por Top Secret y las carcajadas que me arrancó. Lo siento mucho. Descanse en paz